En un día típico soleado del sur de Texas, fui a hacer una compra rápida al H-E-B, el súper cerca de mi departamento en Brownsville, Texas. Estaba dando una vuelta por la tienda y, justo cuando estiré el brazo para agarrar unas salchichas del congelador, todo oscureció ante mis ojos.
«¿He muerto?», pensé. «¿Es esto el más allá?».
Cuando oí los gritos de otros clientes y se encendieron las luces, vi las caras preocupadas de la gente. Esto no fue para nada la primera vez que viví un corte de electricidad en Brownsville, una de las muchas comunidades del Valle del Río Grande, que en si abarca cuatro condados a lo largo del río Grande/Bravo y del golfo de México. El Wall Street Journal suele referirse a esta región entera, en la cual viven aproximadamente 1,43 millones de habitantes, como una de las más pobres del país.
Brownsville ha sido recientemente clasificada como la segunda ciudad «más necesitada» de Estados Unidos. Los impuestos no se reinvierten de forma fiable en laconstrucción de infraestructuras básicas. En cambio: nos encontramos con muros fronterizos de miles de millones de dólares.
Se producen cortes de electricidad debido a ráfagas de viento, tormentas o un consumo elevado durante épocas de temperaturas extremas.
El servicio de agua es aún peor. No es raro que los hogares o negocios de Brownsville y de todo el sur de Texas sufran cortes de electricidad o se enfrenten a otros problemas de infraestructura, como la escasez de agua y los avisos de hervir el agua. En algunas zonas, la población carece por completo de acceso al agua corriente o a la electricidad.
La zona de Brownsville sufre de infraestructura en mal estado debido a la falta de financiamiento, la mala gestión de los recursos municipales y diversas formas de explotación. La población de esta región del sur de Texas, que sufre las consecuencias de infraestructura deficiente, es mayormente de origen latino, indígena o morena, y la pobreza es una epidemia.
Como resumió recientemente un economista local:
«El 42,2 % de los niños de McAllen… y el 39,2 % de los de Brownsville-Harlingen viven por debajo del umbral de la pobreza, y muchos de ellos se encuentran en una situación crónica de inseguridad alimentaria, sanitaria y de vivienda».
Los efectos del cambio climático, como las inundaciones y las olas de calor, empeoran la situación.
Texas ha registrado un número récord de catástrofes declaradas por el estado y se está ganando una reputación a nivel nacional por sus frecuentes declaraciones de catástrofe, como la tormenta invernal de Texas de 2022 y el huracán Harvey de 2017.
La página web de la Oficina de Gestión de Emergencias del condado de Cameron indica que, entre 1953 y 2024, Texas ha sufrido de 374 declaraciones de desastre; en promedio es casi seis desastres al año. El número de desastres y su gravedad, debido al cambio climático, están aumentando, como hemos podido comprobar en los últimos tres años, con la tormenta invernal Uri y la devastadora inundación que dejó más de 50 centímetros de lluvia en el Valle del Río Grande el año pasado. Estas crisis cada vez más frecuentes han obligado a familias y organizaciones a idear sus propias soluciones para la supervivencia diaria, y también durante condiciones meteorológicas extremas.
Soy del Valle del Río Grande y llevo varias décadas viviendo aquí, y he vivido seis tormentas tropicales devastadoras. Mi difunta abuela, cuya familia llevaba varias generaciones en el Valle del Río Grande, me enseñó a ayudar al prójimo. Un día se encontró en las calles de Mercedes, Texas, con un hombre de México que necesitaba un dólar, y lo llevó a su casa para darle de cenar y un lugar seguro donde dormir.
Que una persona ayude a otra es fundamental; sin embargo, un grupo de nosotros nos dimos cuenta de que, a medida que aumentaban los desastres, se necesitaban recursos diferentes. Me convertí en miembro fundador del South Texas Environmental Justice Network (una red dejusticia ambiental del sur de tejas), que se centra en encontrar formas de llegar a las personas más afectadas por los desastres y de crear vías de ayuda inmediata.
Uno de los proyectos que hemos desarrollado es el Kit para una recuperación justa. Creamos estos kits pensando en nuestros vecinos afectados por las crisis climáticas, pero descubrimos que muchos los necesitaban para su supervivencia diaria.
Cada kit puede incluir un sistema de filtración de agua de alta calidad, jarras grandes, un detector de monóxido de carbono, repelente de insectos no tóxico, un sistema de carga de baterías solares, guantes, equipo de protección individual (EPI) y mucho más. Los kits Just Recovery, diseñados por nuestros miembros, se preparan para cada familia en función de sus necesidades e incluyen información de contacto por si necesitaran asistencia técnica.
Bryan Parras, un defensor de la justicia medioambiental de Houston y miembro de la organización Another Gulf Is Possible, es el diseñador principal de los kits. Me contó cómo le inspiraron los desastres cada vez más frecuentes provocados por los huracanes en la costa norte de Texas.
«Sería en Texas y luego en Luisiana, empezando por el Katrina, luego el Rita, después el Ike y el Gustav», dijo Parras. «Y así sucesivamente».

Al igual que Bryan, yo también he sido testigo de un aumento de las catástrofes en la costa sur. La zona cuenta con refugios de refrigeración obligatorios para hacer frente a las altas temperaturas, pero nunca son suficientes. El año pasado, se encontró a una familia muerta en su casa de Brownsville debido al calor extremo y a la falta de aire acondicionado. Pregunta a cualquier persona de la región y te contará una historia personal de supervivencia ante una catástrofe relacionada con la vida en el sur de Texas.
El coche de mi compañero se inundó durante una tormenta; mi padre fue rescatado cuando el agua se llevaba su coche.
Mi departamento estuvo sin electricidad durante tres días durante la tormenta invernal Uri en Texas.
Un verano, mis zapatos baratos se me rompieron por culpa del asfalto caliente.
Estas catástrofes tienen graves consecuencias en una región que ya se ve doblemente afectada por la catástrofe cotidiana que supone la pobreza. No solo faltan los productos de primera necesidad, sino que también puede resultar difícil encontrar los artículos necesarios para prepararse ante una catástrofe o recuperarse de ella.
Bryan me explicó cómo, con el paso de los años, los «Just Recovery Kits» pasaron de ser un kit para situaciones de catástrofe a convertirse en un kit que satisface las necesidades cotidianas de las personas.
«Muchas de nuestras comunidades parten de una situación en la que se encuentran en desventaja con respecto a la mayor parte de la población; les resulta mucho más difícil recuperarse de las catástrofes», afirmó.
«Pero si contamos con productos que les ayuden a avanzar poco a poco hacia una situación más equitativa, ese es precisamente el objetivo de los kits: mejorar su calidad de vida, su salud y su capacidad para anticiparse a las emergencias, y proporcionarles aquellas cosas que no pueden permitirse o que no son una prioridad: “Tengo que comprar comida antes que mascarillas, lo siento”».
Dina Núñez, una activista comunitaria de Brownsville, se ha visto obligada a recurrir a estos kits a diario. Afirma que no confía en el agua que sale del grifo de la Junta de Servicios Públicos de Brownsville (BPUB). Aunque el agua de la zona cumple en su mayor parte con las normas federales sobre agua potable, sigue habiendo debates sobre su seguridad. El Grupo de Trabajo Medioambiental enumera una variedad de contaminantes presentes en el agua que son conocidos como causantes de cáncer.
«Lo uso [el kit] con frecuencia, sobre todo el filtro de agua; lo uso todos los días», me dijo en español. «Sabemos que el agua está contaminada, sin duda. De hecho, vino una agencia a mi casa a hacer análisis del agua. Analizaron el grifo y nuestro pozo, y el resultado fue que el agua de la ciudad está muy contaminada».
Añadió que el aumento de las olas de calor extremo significa que la empresa de servicios públicos, que ya le está fallando con el agua de mala calidad, también está subiendo continuamente el precio de la electricidad.
«Ellos [la empresa de servicios públicos] siguen sin querer asumir la responsabilidad», afirmó. «Es como si en realidad no filtran el agua. Y se avecinan facturas muy elevadas. En épocas de mucho calor, la tarifa por consumo [en kilovatios] sube independientemente de si la usamos o no; la BPUB no deja de aumentarla en nuestras facturas mensuales de electricidad».
El South Texas Environmental Justice Network ha repartido 200 kits a familias viviendo en los condados de Cameron e Hidalgo durante los últimos tres años. Nuestra organización también tiene previsto crear una red, o «centro de resiliencia», formada por familias que cuenten con estos kits y que puedan recibir y difundir información vital en caso de emergencia, así como ayudar a otras personas de su vecindario.
Es necesario informar a la empresa de servicios públicos sobre las formas de satisfacer las necesidades de la comunidad. Hasta que se introduzcan mejoras, el South Texas Environmental Justice Network seguirá buscando soluciones, como la entrega de kits de ayuda a las familias que los necesiten.
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Traducción de Valeria Caballero.